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domingo, 17 de febrero de 2013

Kit Antiestrés

Vaya semanita! Los adictos a la información se sorprenden día a día, de la gran capacidad de sorpresa que tenemos los humanos.
Y la sobredosis de espanto está aumentando los niveles de estrés.
Somos muchos los que hemos pasado en los últimos tiempos, de sentirnos algo nerviosos, a comprobar como el cuerpo sucumbe a horas insomnes, pensando en soluciones descabelladas para sobrevivir al caos de una nueva realidad. En el último año he visitado a mi médico de cabecera, prácticamente las mismas veces que visité a mi ginecólogo cuando estaba esperando a Hugo. Y la respuesta siempre es la misma. Un estado de estrés excesivo hace que tus defensas bajen... Pues tal y como está la seguridad social, tendré que encontrar la manera de hacerme con un ejercito nuevo, ya que el mío se pasa más tiempo en huelga que trabajando.
La falta de tiempo y sobre todo de ingresos suficientes, hacen imposible las opciones típicas para aligerar mi mochila de preocupaciones. Gimnasio, clases de danza árabe (Ay! cómo hecho de menos reírme de mí misma intentando mover mis inexistentes caderas cual Shakira ante Piqué), noches de baile con una copa en la mano... aunque después de mi última salida se me quitaron las ganas... deberíamos ser como los cubanos y prohibir el reggaeton!
Me queda el recurso que me ha acompañado desde niña.
Hace tres días, una mezcla de ira, tristeza y cansancio, amenazaban con desdibujar la sonrisa que me obligo a ejercitar todos los días (prefiero arrugas en las comisuras de los labios, que entre las cejas).
A las diez y media de la noche, concluí que debía cortar de raíz con los pensamientos autodestructivos que ya desplegaban las tiendas de campaña en mi cabeza.
Llené la bañera justo al límite, me preparé un chai tea latte, mis cigarrillos y mi novela favorita desde que la descubrí a mis inocentes doce años. Cumbres Borrascosas.
Catherine sucumbiendo a la pasión frente a lo racional, Edgar Linton intentando endulzar al hipertenso que sueña con puñados de sal... el fantasma del pasado que vuelve a buscarte...
Sumergirme en la ambigua maldad/bondad de Heathcliff, mientras mi cuerpo aligera su peso bajo el agua, es el tratamiento antiestrés más eficaz y barato! 
Tras una hora, y con un parecido asombroso a un garbanzo, quito el tapón de la bañera.
Mientras el agua se desliza hacia abajo, mi sonrisa vuelve a aparecer.
Ya es hora de ir a la cama y hoy dormiré con el sueño profundo de un bebé.
Es domingo y la semana roza su fin.
Perdonad, pero tengo que dejaros... el agua empieza a acercarse peligrosamente al borde.




sábado, 9 de febrero de 2013

El tren de la vida

Siempre he creído que la vida es como un tren de mercancías.
En ocasiones, te conviertes en maquinista y son esos instantes, en los que tomas el mando, cuando consigues cambiar el rumbo escogido al azar. Tomas el control de un futuro inmediato, que con suerte, te llevará a la realización de un sueño.
Pero en la mayoría de trayectos, el que ocupa la locomotora no cuenta con la opinión de los pasajeros.
Si rescatásemos los sueños que teníamos de niños, si fuésemos capaces de volver la vista atrás y despegar del álbum esa foto desenfocada, la mayoría de nosotros nos volveríamos a meter entre las suaves sábanas de nuestra cama, para no querer levantarnos más.
Yo quería ser escritora. Quería viajar y escribir acerca de lo que veía y vivía.
Pero a mis quince me volqué en esa otra pasión. Esa que me hacía rellenar cuadernos con vestidos imposibles, maniquies estilizadas decoradas con galas horrendas que mis amigas veían tan cool.
Recuerdo una charla con la profesora de diseño. Nos preguntó qué metas nos habíamos trazado al haber escogido esa profesión.
La mayoría de mis compañeras fantesearon con ser la reencarnación de nuestra idolatrada Chanel, las más futuristas querían trabajar para Paco Rabanne, y las niñas de bien se decantaron por Dior.
Mi respuesta despertó una sonrisa en mi profesora y el asombro en las grandes diseñadoras.
Yo aspiraba a levantarme cada mañana feliz de ir a trabajar. No conseguía visualizar dónde, ni haciendo qué, únicamente quería hacer algo que me gustara de verdad, ganarme la vida disfrutando de cada momento fuera de casa.
Mi sueño resultó ser el más complicado de todos.
Olvidé que las facturas no se pagan con sonrisas, que trabajar con dedicación no siempre es recompensado, que el respeto hacia el trabajo de los demás no es algo común, que las crisis financieras te hacen recordar a ese novio que tuviste en la adolescencia, hijo de papá, y te hacen arrepentirte de haberle dejado por un defectillo de nada (la de besos que le dí para no escucharlo hablar...).
Conseguí trabajo y me siento afortunada. Afortunada de ocupar ocho horas al día con muchísimo trabajo, volver a casa corriendo para preparar cenas, poner lavadoras, acostar a mi hijo con el desespero de verle crecer a pasos agigantados sin apenas darme cuenta, volver a mi ordenador para trabajar en proyectos que siguen siendo un sueño, algún gráfico remunerado, que con suerte me llegarán para una compra en Mercadona, comprobar en la página web del banco que mis gastos suben y mis ingresos de hoy son la mitad de hace tres años.
Estimado señor maquinista,
Hace mucho que no rozo la piel de esa palanca que cambia de raíl....


sábado, 2 de febrero de 2013

Un sistema a la deriva.

Vaya escándalo que se ha montado!
Si hacemos caso de eso de: "lo importante es que hablen de mí, aunque sea mal", no nos está yendo nada mal...
España y su gobierno, de gomina y trajes a medida, ha sido portada de todos los medios internacionales. Hoy el mundo, posiblemente, ya sepa ubicarnos en el mapa.
Sobres, anotaciones con letra fina en cuadernillos, donde hay que sobrescribir hasta el título de saldo, declaraciones apresuradas, desmentidos que no desmienten nada, y el cuarto poder haciendo uso de de esa "libertad", que ya nos parecía a muchos, una moda del siglo pasado.
Dinero negro que viaja hasta convertirse en "verde dólar".
La indignación que empapa millones de hogares de españolitos, pidiendo dimisión.
Nunca he creído en la política. Creo que el que llega a la cúpula de un partido, ha debido dejar por el camino el cadáver de la renuncia a una vida. La empatía se hace imposible, si tu vida se resume en ejercer el poder que te conferirá un cargo.
Ya nadie recuerda que la base de una democracia, es el derecho a votar a quien te representará como pueblo.
Yo no he votado nunca. No he encontrado aún, ni a la persona ni al partido, que represente fielmente a lo que soy y creo.
La ilusa que vive en mí, cree que el mundo está hecho de colores, que para determinados momentos el negro es la mejor opción, que en primavera está bien dejarse llevar por los estampados multicolores, una camiseta blanca con vaqueros ha de ser el principio de un buen fondo de armario...
Por qué, entonces, he de definirme con un sólo color? Por qué, un país entero ha de ser dirigido bajo una única ideología?
Yo también pido dimisión. Pero no puedo ni quiero quedarme ahí. Es demasiado fácil...
Yo pido una renovación completa de un sistema, con claras pruebas, de servir únicamente a unos pocos.
Yo convertiría al pueblo en la profesora de preescolar que obliga a los pequeños líderes de clase, a reconciliarse mediante un ejercicio común.
Aprovecharía los dones de ambos, haciéndoles trabajar codo a codo.
Pertenezco a una generación que creció con las historias de una dictadura. Alucinando de que un beso en la calle pudiese ser objeto de una detención. Creíamos, equivocadamente, haber nacido bajo el sol de la libertad y las oportunidades. Que el sacrificio de nuestros padres y abuelos se había visto recompensado.
Hoy mis padres viven con miedo. Miedo al futuro de sus hijos y sus nietos.
Si mañana mi jefe se acerca con un sobre, no dudaré en cogerlo.
No voy a decir que me guste, pero si eso significa que mi columna de ingresos se acerque un poquito a mi columna de gastos, bien se merece ese pecado tan español.