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sábado, 9 de febrero de 2013

El tren de la vida

Siempre he creído que la vida es como un tren de mercancías.
En ocasiones, te conviertes en maquinista y son esos instantes, en los que tomas el mando, cuando consigues cambiar el rumbo escogido al azar. Tomas el control de un futuro inmediato, que con suerte, te llevará a la realización de un sueño.
Pero en la mayoría de trayectos, el que ocupa la locomotora no cuenta con la opinión de los pasajeros.
Si rescatásemos los sueños que teníamos de niños, si fuésemos capaces de volver la vista atrás y despegar del álbum esa foto desenfocada, la mayoría de nosotros nos volveríamos a meter entre las suaves sábanas de nuestra cama, para no querer levantarnos más.
Yo quería ser escritora. Quería viajar y escribir acerca de lo que veía y vivía.
Pero a mis quince me volqué en esa otra pasión. Esa que me hacía rellenar cuadernos con vestidos imposibles, maniquies estilizadas decoradas con galas horrendas que mis amigas veían tan cool.
Recuerdo una charla con la profesora de diseño. Nos preguntó qué metas nos habíamos trazado al haber escogido esa profesión.
La mayoría de mis compañeras fantesearon con ser la reencarnación de nuestra idolatrada Chanel, las más futuristas querían trabajar para Paco Rabanne, y las niñas de bien se decantaron por Dior.
Mi respuesta despertó una sonrisa en mi profesora y el asombro en las grandes diseñadoras.
Yo aspiraba a levantarme cada mañana feliz de ir a trabajar. No conseguía visualizar dónde, ni haciendo qué, únicamente quería hacer algo que me gustara de verdad, ganarme la vida disfrutando de cada momento fuera de casa.
Mi sueño resultó ser el más complicado de todos.
Olvidé que las facturas no se pagan con sonrisas, que trabajar con dedicación no siempre es recompensado, que el respeto hacia el trabajo de los demás no es algo común, que las crisis financieras te hacen recordar a ese novio que tuviste en la adolescencia, hijo de papá, y te hacen arrepentirte de haberle dejado por un defectillo de nada (la de besos que le dí para no escucharlo hablar...).
Conseguí trabajo y me siento afortunada. Afortunada de ocupar ocho horas al día con muchísimo trabajo, volver a casa corriendo para preparar cenas, poner lavadoras, acostar a mi hijo con el desespero de verle crecer a pasos agigantados sin apenas darme cuenta, volver a mi ordenador para trabajar en proyectos que siguen siendo un sueño, algún gráfico remunerado, que con suerte me llegarán para una compra en Mercadona, comprobar en la página web del banco que mis gastos suben y mis ingresos de hoy son la mitad de hace tres años.
Estimado señor maquinista,
Hace mucho que no rozo la piel de esa palanca que cambia de raíl....


9 comentarios:

  1. Enhorabuena por este blog, gracias a los grupos de LinkedIn he leído varias de tus entradas. Esta me ha llamado especialmente la atención por ese recorrido que va desde las ilusiones de la infancia a la realidad más cruda. Te animo a seguir compartiendo con nosotros esos pedazos. Saludos.

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    1. Gracias Joaquin!
      Ten por seguro que seguiré! Compartir pedazos de mi está siendo muy gratificante.
      Saludos!

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  2. Siempre he pensado en lo grande que eres,en la pasion que pones en todos los aspectos de la vida,es una gran sastifaccion.conocerte.

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    1. No sé quien eres... he intentado descifrarte pero, aunque tengo mis sospechas, no me arrojaré a la piscina sin tener la certeza.
      Pero seguro que te encuentras entre mis amigos más cercanos... así que gracias!!! y te envío un gran beso, a cambio de que me saques de esta duda que me corroe!!!

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  3. Respuestas
    1. Como no! Tenías que ser tú!!
      Yo si que me siento satisfecha de conocer a la pedazo de mujer que eres! Te quiero!!

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  4. ¡Excelente!
    Con esta entrada definitivamente me atrapaste en tu blog.

    Ya mismo empiezo a promocionarlo.

    JJGB

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