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sábado, 26 de enero de 2013

Nuri y el amor.

Mi vida amorosa está a medio camino entre el diario de Bridget Jones y una mala teleserie venezolana.
A mi precocidad con las letras, se sumó un pronto despertar en asuntos de amoríos.
A los trece me enamoré perdidamente de un chico de dieciséis, con fama de rompecorazones. Él me dio mi primer beso.
Aún recuerdo mi espanto cuando el beso se transformó en un morreo en toda regla. Horrorizada, y temiendo por mi vida por la falta de aire, mi cabeza repasaba la poca información de mis archivos catalogados en el apartado de sexo.
Me pasé años colgada de ese imberbe, que me usaba cual clinex dejado en el bolsillo de la bata.
Pasé mis años de adolescencia, luchando por encontrar a la persona que me viera antes de ver mis enormes protuberancias mamarias. Hubo quien me llegó a querer de verdad... pero en esas ocasiones, mi rebelde coranzoncito ya se había fijado en el próximo que me haría llorar por las noches.
El padre de mi hijo fue un bálsamo de aceite en una época dónde había determinado comportarme como esos matones del corazón. Junto a él conocí la deseada estabilidad, la tranquilidad de saberse amada, los domingos de sofá, despertar por la mañana y no preocuparme de mis ojos de mofeta, por mi pereza a desmaquillarme la noche anterior.
La vida evoluciona y nosotros con ella. Y nuestras vidas tomaron caminos opuestos.
Nos queda un respeto mutuo y lo que nos seguirá uniendo hasta el fin de nuestros días. Lo más hermoso que hicimos juntos. Hugo.
Tras un tiempo de luto, y diez kilos menos (no hay mal que por bien no venga), llegó del pasado alguien, que me devolvió parte de lo que había abandonado por el camino. Me ayudó a desenterrar pedazos y a conciliarme con una Nuri que creía haber perdido. Del final de esa relación prefiero no acordarme...
Papá me llamaba el signo de la contradicción. Y tenía razón.
Sueño con los días en los que el pasado supere al futuro, cuando las arrugas no oculten mi edad, cuando mis recuerdos se desborden de los cajones de la mente y el corazón... Sueño con pasear al ritmo que marquen unos huesos gastados, de la mano de alguien a quien cuando mire, me confirme que ha valido la pena.
Sueño con la pasión. Vivir esta frágil existencia, apurando cada minuto...
Hoy puedo declarar, sin ninguna duda, que soy feliz.
Creo haber encontrado a la persona. A mi persona.
Que cree en mi más de lo que yo nunca creí. Que me hace reír, con quien las horas pasan raudas, alguien que termina mis frases exactamente como las terminaría yo. Con quien abandonaría mis noches de sueño, para pasarlas en sus brazos, charlando en susurros sobre como debería ser el mundo...
A quien admiro como padre, amigo, compañero.
Ya le veo como un viejecito gruñón, quejándose del frío bajo una manta, viendo, con una tímida sonrisa en los labios, la reposición de su adorada Star Wars.
Te quiero más que un poquito.



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