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lunes, 5 de noviembre de 2012

El mundo al revés.

Este fin de semana (laaargooo), he ido a ver Hotel Transylvania. ¡Os la recomiendo al 100 por 100! Hacía mucho tiempo que no me reía tan a gusto...  Un mundo dónde los "normales" son los monstruos, el monstruo, el deshumanizado y cruel humano. ¡El mundo al revés!
Imaginad....
Al banquero, con traje y corbata, desahuciado de su silla, de su despacho, de su edificio de cristal, mientras al señor hipotecado le llegan los 100.000€ de rescate para la cancelación de su hipoteca.
Al empresario que teme al trabajador, que tendrá el poder de bajar sueldos, aumentar jornada laboral, inyectándole en vena, el miedo de perder el puesto, el salario y la familia.
A los millonarios de este mundo, colapsando infojobs de nuevas y "reales" ofertas de empleo, con salarios "reales", en una nueva realidad.
A dirigentes de partidos políticos, de diversas ideologías, desayunando juntos, paseando de la mano, cegados por un sol que calienta a todos, recortando gastos subidos a un bus de línea, se encaminan a la sede del gobierno recién metida en un ere, con el miedo en el cuerpo, pues hoy es viernes, y los viernes llevan el estigma del despido.
A los universitarios, recién graduados, debatiéndose en la duda. ¿Acepto esta oferta o esta... o la otra?.
Al que lleva media vida trabajando, llegando a casa, con la sonrisa en los labios y en el alma, con un pastel apresuradamente comprado. -¡Familia! Hoy es el día de celebrar el merecido ascenso, recompensa al buen hacer.
A los abuelos, que duermen, de nuevo, tranquilos, con la paz que da, el haber criado familia, orgullosos de la cosecha de ayer, que es el pan de hoy.


Veo a un señor con bigote, traje y corbata, sentado en una silla ergonómica (de diseño, y carísima, por supuesto), frente a una mesa de madera noble (nada que ver con las del ikea), con unos grandes ventanales a sus espaldas, con una vista maravillosa de cualquier ciudad del mundo (y sin tiempo de recrearse en ella, claro), releyendo incrédulo, ante la atenta mirada de un hombre cualquiera, con los tejanos que se niega a tirar, a pesar de llevar con él más de cinco años, con su camiseta de "la suerte" y unas zapatillas de deporte que vieron tiempos mejores... El señor del bigote, alza la vista, y el "pandero". Con paso apresurado, intentando controlar ese temblor desconocido (no le es posible identificar el miedo,... aún), se encamina a la puerta. Alguien, amablemente, le detiene.
-Perdona, pero te dejas esto. Lo necesitarás para el Inem.
Es la carta de despido. En ella, una frase sobresale de todas las demás.
Despido justificado por el mal desempeño en sus funciones.

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