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martes, 6 de noviembre de 2012

Mamá cocinera.

La sociedad está dividida en dos grandes clases: la de los que tienen más comida que apetito y la de los que tienen más apetito que comida. (Chamfort)

El amor es tan importante como la comida. Pero no alimenta. (Gabriel García Márquez)

Antes de dar al pueblo sacerdotes, soldados y maestros, sería oportuno saber si por ventura no se está muriendo de hambre. (León Tolstoi)

Mi relación con la comida ha sido tan variada e inconstante como mi armario. 
De niña, la sola idea de sentarme a la mesa ya era una tortura, me dedicaba a pasear cada bocado de una mejilla a la otra, esperando el momento, en que mis padres ya desquiciados, me dejaran por imposible. Esconder trozos en los bolsillos de la bata de guatiné (pecado capital de la moda ochentera), fingir un repentino apretón para ir al baño y escupir las bolas de carne al retrete,... ni sopas, ni purés, carne o pescado, frutas, verduras, legumbres... lo que a mí me gustaban eran los bocatas! Y milagrosamente (y escuchimizada como decía mi madre) llegué a ser mayor. 
El día en que me independicé, mamá no lloró. Ni consejos ni ánimos. En mi despedida la frase más repetida era: 
-Os vais a morir de hambre. Si no sabes ni hacer un huevo frito!. 
Y tuvo razón... durante dos semanas. 
¡Milagro de los milagros! Después de experimentar con pasta y arroces (con los que hubiese podido dar de comer a toda la comunidad... las medidas no son lo mío), descubrí un universo de creatividad escondido en un rinconcito de mi. Mezclar especies, macerar el, antes odiado, pescado, salsas japonesas (umm teriyaki!!), pato a la miel, pollo al rioja (aún recuerdo la cara de mi cuñado, cuando descubrió que había utilizado un gran reserva para cocinar, y en las copas vera un lambrusquito de 1.5€),...
Y he aquí, que ahora, me he topado con un chiquitín que adora los nuggets  y poco más.
Cada quince días, viene a pasar el fin de semana con nosotros, y me devano el seso cocinando para él. Las salchichas hay que pelarlas, el pescado tiene espinas, la verdura ni tocarla, el arroz está mojado,... si no hay pollo rebozado, la respuesta es siempre la misma: -¡¡No me gusta!!.
Y para colmo, me llama "mamá cocinera"... tengo que recordarme que sólo tiene cuatro años, y aplacar así a mi yo feminista que echa humo cada vez que lo escucha.
Ah! Pero el jueves 1 de Noviembre del 2012 (tengo que acordarme de marcarlo como un día especial), todo cambió. Si Mahoma no va a la montaña... el peque se mete a jugar a cocineros!
El resultado: Hamburguesas (caseras) de Halloween! Y comió!!!!!
Está claro:  Al hombre se le conquista por el estómago y si es con gorro de cocinero, mejor!.

 
  

2 comentarios:

  1. La relación con los bocadillos es peculiar. Arzak, por ejemplo, dice que su comida preferida es... un buen bocadillo.
    Sin embargo, a un sobrino mío no le gustan nada. Cuando tenía apenas diez o doce años y tocaba excursión en el colegio, o no iba, o su madre le preparaba un taper con arroz y pollo frito... para merendar.
    Bocadillos sabrosos los hacen en un bar de mi pueblo -Getxo- y, a partir de las siete de la tarde los venden a 1 €. Para que se te pongan los dientes largos, Nuri, en pequeños panecillos recién horneados: pollo con mahonesa o bonito con mahonesa, jamón ibérico con o sin pimiento verde frito,... el mejor -algo más caro- de todas formas es el que ponen en un bar de Logroño que se llama LAS QUEJAS: setas, jamón ibérico y queso fundido. Por supuesto, en la ruta de la calle de El Laurel, el paraíso de los amantes de pintxos, tapas y bocadillitos.
    Y aquí se acaba el homenaje al bocata en tu honor.
    Sé feliz.

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